Ecos del Tiempo - Cómic

Ecos del Tiempo

Anuncio
VOLVER A INICIO

El Eco del Tiempo

Escrito por: Juan Manuel Zuppelli

El silencio de Próxima Centauri b no era un silencio vacío; era un peso físico que presionaba contra el polímero del traje de Miller. Bajo un cielo de color amatista, el astronauta avanzaba con dificultad sobre una llanura de cristal negro que crujía bajo sus botas magnéticas. Su misión era geológica, una rutina solitaria de recolección de muestras, hasta que la estática de su casco, normalmente un zumbido blanco y monótono, se quebró en mil pedazos.

—¡Corre, no te caigas! ¡El helado se va a derretir!—

Miller se detuvo en seco. Su respiración, acelerada por el esfuerzo, empañó el visor por un instante. Aquella voz no era una interferencia de la base, ni una señal de socorro de otra misión. Era su propia voz, aguda y cargada de una alegría que creía haber perdido décadas atrás. Era él mismo, a los seis años, jugando en un jardín que estaba a cuatro años luz de distancia.

Con el pulso disparado, Miller ajustó el dial de frecuencia en su muñeca. La señal era absurdamente fuerte, como si el emisor estuviera a pocos metros. Empezó a correr, dejando atrás el equipo de perforación. Cruzó formaciones de piedra que se alzaban como costillas colosales, restos de un ecosistema muerto hace eones, guiado por el sonido de una risa infantil que cortaba la atmósfera gélida del planeta.

—Mira, papá, ¡encontré una caracola que suena como el mar!—

Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Miller, empapando el acolchado de su casco. El dolor de la nostalgia era una punzada física. Entonces escuchó la respuesta: una voz grave, cálida y vibrante. Era su padre. El hombre que había muerto diez años antes de que Miller se enlistara en el programa espacial le hablaba ahora desde el corazón de un mundo baldío.

—Es hermosa, hijo. Acércate más para que la vea.—

Miller llegó frente a la entrada de una cueva orgánica cuyas paredes parecían latir con un ritmo cardíaco lento y pesado. La señal emanaba de las profundidades del túnel. Dudó solo un segundo, pero entonces escuchó un susurro que lo desarmó por completo.

—¿Hijo? ¿Dónde estás? Tengo miedo, está muy oscuro...—

Era su madre. El astronauta encendió la linterna frontal y se internó en la garganta de la cueva. La luz de LED cortó la negrura, revelando un suelo tapizado por extraños filamentos bioluminiscentes que vibraban con una frecuencia antinatural. Miller buscó la fuente de la radio, una baliza, un resto de nave, cualquier cosa que explicara el milagro. Pero no había nada.

Al acercarse a la pared de la cueva, notó que los filamentos reaccionaban a su presencia, erizándose como vellosidades. Con horror, observó cómo las fibras vibraban al ritmo de la voz de su madre que seguía sonando en su casco. No era una señal de radio rebotando en el tiempo; era una traducción biológica. La criatura que habitaba la cueva no solo interceptaba sus ondas cerebrales y sus comunicaciones, sino que las replicaba físicamente, convirtiendo el trauma y el deseo en un cebo perfecto.

—No es el pasado... —susurró Miller, retrocediendo mientras el sudor frío le recorría la espalda— es una antena.—

En ese instante, la voz de su madre en la radio se distorsionó, perdiendo su calidez y convirtiéndose en un rugido gutural que hizo vibrar los huesos de Miller. En el reflejo dorado de su visor, una hilera de dientes negros y múltiples ojos se abrieron en la sombra justo detrás de su hombro. Miller soltó la linterna, que al caer iluminó de forma errática el techo de la cueva, revelando una masa de carne y garras que se cerraba sobre él.

Un grito fue ahogado por el sonido de metal desgarrándose. En el monitor de la radio, un destello de estática marcó el fin de la transmisión bajo un cartel parpadeante de "ERROR DE CONEXIÓN".

Minutos después, el silencio regresó a la llanura de cristal. Pero pronto, una señal volvió a surcar el vacío, viajando hacia la nave nodriza que orbitaba el planeta. Era la voz del capitán Miller, tranquila, profesional y perfecta.

—Aquí Capitán Miller... he encontrado algo increíble... vengan a ver...—

▶ ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD